lunes, 10 de abril de 2017

Ansiedad

El tiempo hizo olitas en la eternidad.
El ritmo cansino de los días y noches otoñales no se inmutó por nada ni por nadie.
El ronroneo suave del viento acariciando el fuselaje de la nave siguió imperturbable aun cuando las vidas de sus tripulantes sufrían una que otra zozobra.
La Capitana se desperezó cual gata mimada y movió los dedos de sus manos siguiendo el ritmo de la respiración relajada del Mayor Cetonas. Las sábanas estaban apenas tapando su desnudez pálida y la Capi sonrió satisfecha.
Cetonas es bello, pensó. Suculento y flexible. La combinación perfecta para un amante de tiempo completo.
Se saboreó juguetona y cuando iba a pellizcar ese perfecto y redondo trasero, su celular chilló inoportunamente.
—Capi, está pasando algo… extraño.
—Buenas, ¿con quién tengo el placer?
—Ah… Clorhídrico al habla.
—Bien, Clorhídrico. Podrías explicarme, corto y sucinto, qué es lo raro.
—Bueno, es que entró combustible antiguo…
—No sigas, voy para allá. —La Capi cortó la comunicación y observó de reojo a su colaborador más cercano, efectivamente iba empequeñeciéndose lentamente. Suspiró y se vistió con presteza; si Cetonas llegaba a despertar, menudo lío se armaría.

El Teniente Clorhídrico la esperaba acariciando torpemente su horrenda barba. Artilugio masculino que insistía en usar para afearse, porque según sus propias y rebuscadas palabras, era demasiado lindo para que lo tomaran en serio. La Capitana había estado varias veces tentada de pedirle a Sentido Común que hiciera de las suyas con los pelos asquerosos que colgaban de la muy perfecta barbilla del Teniente, pero se arrepentía a última hora, pensando en la pataleta que harían Clorhídrico, por su barba, y Cetonas, porque ella le pedía algo a Sentido Común.
Cuando se acercaba por el pasillo, se dio el gusto de admirar el pedazo de Teniente que era Clorhídrico, un metro ochenta con ojos celestes, naricita de duende, piel bien blanca, labios suculentos y pelito rubio. Musculoso, aunque no tanto como Cetonas y una voz ronca deliciosa y la mentalidad de un adolescente berrinchudo, hasta ahí le llegó la admiración y apenas le sonrió.
—Entonces, Clorhídrico… muéstrame.
—Mire Capi, no es mucho, pero es miércoles y… el sábado también entró. ¿De casualidad diste la orden de meter esta cosa a mi caldera?
—¿En serio, Clorhídrico? ¿Crees que soy tan… tan… que meto combustible antiguo y luego vengo a preguntarte por el asunto?
—Ehhh…no, pero si no fuiste tú…
—Puede ser algo de Neuro. Voy al Comando Central. Sí Cetonas viene, entretenlo con tu maravillosa voz.
—¡Capi, sabes que me cae gordo!
—Entonces. Entonces. Ay, no sé, pero que no me siga. Se pone denso con eso del combustible antiguo.

El Comando Central hervía de actividad como siempre, aunque el silencio perpetuo en el que todos se movían era la paradoja de paradojas. Neuro estaba inclinado sobre una pantalla pequeña que no dejaba de cambiar imágenes a una velocidad endemoniada.
—Capi, que linda sorpresa.
—No me vengas con esa, Neuro. ¿Por qué metiste combustible antiguo a mis espaldas?
—Hijita, mira… verás… hijita.
—A ver, Neuro, córtala con eso de hijita. Soy tu capitana y quiero respuestas. No empieces con los rodeos o me vas a ver enojada.
—Es que… pucha. Sí, metimos un poquito.
—¡Pero es miércoles!
—Sí, lo sé. Pero entiende, Ansiedad se puso…
El típico silencio del Comando Central se rompió con el rumor que hicieron las batas blancas de todos los presentes cuando se giraron para presenciar ese choque de titanes. La Capi de la nave enfrentada al Comodoro Neuro. Padre e hija palabreándose de lo lindo, como era su costumbre.
—¡¿Cómo que Ansiedad?! Se supone que esa loca está recluida e inmovilizada. El combustible nuevo la logró anular… ¡¿Y por qué nadie me dijo que se había despertado?!
Neuro esgrimió su mejor sonrisa de papá chocho y se le acercó con las manos en son de paz. —Hijita cálmate. Lo que pasa es que como andabas tan feliz, tu mami y yo creímos que… No me mires así, Capi, recuerda que soy tu pap…
—Mira, Neuro, tienes cinco segundos para ir a mi oficina junto a Cardio. Vamos a dejar en claro un par de cositas respecto de la línea de mando de esta nave. Voy al puente a verificar el estado de Ansiedad. Y que te quede claro que si algo le pasa a la nave o a Cetonas… te las voy a cobrar bien caritas. —La Capitana hizo una seña, se giró sin esperar respuestas y salió corriendo del Comando, haciendo que el piso retumbara y el silencio se fuera al tacho.
—Yo también te quiero hijita. Huy… que carácter. Ninguna hija debería mostrarle el dedo del medio a su padre.
—Comodoro Neuro.
—¿Sí, Agilidad?
—La Capi hace rato que bajó, no creo que lo haya escuchado.
—Eso espero, Agilidad, eso espero.

El Comando de la Batería Central es una serie de salas interconectadas donde el ruido retumba y hace sentir bien. La tripulación que trabaja allí es bastante más extrovertida y bulliciosa que la del Comando Central y por eso les llaman: El Alma de la Fiesta.
La Capitana en ese momento no estaba para pensar en fiestas y abrió las válvulas con violencia y entró con el ceño fruncido.
—¡¡Buenas Capitana!!
—Guárdense sus buenas… quiero ver a Ansiedad.
—Capi, que sorpresa. —El primero que salió a recibirla fue el Teniente Diafragma, un tipo simpático con serios problemas de timidez.
—Nada de sorpresas Diafragma, ¿por qué no se me informó lo de Ansiedad?
—Ehhh… bueno, lo que pasa es que Cardio...
—¿Están fallando tus lealtades, sargento Diafragma?
—Soy Teniente.
—¿Sí? Eras… ¡Eras Teniente, traidor! ¡Te encargué especialmente que me informaras cualquier variación en las celdas de alto riesgo y vas y me traicionas!
—Pe-pero-pero es que Cardio dijo que… Capi, Capi no me mires así, por favor.
—Te miro como se me da la gana, gusano traicionero. Te voy a meter de cabeza en una corte marcial. Ahora, o me llevas donde está Ansiedad, o te las corto.
—S-sí, si Capitana. Venga conmigo, por favor.
A medida que avanzaban por el pasillo de las celdas de alto riesgo, los pasos enclenques de Diafragma y los taconeos enérgicos de la Capi removían a los prisioneros y más de uno reclamó en un murmullo oscuro.
Al primer tripulante que se cruzó en su camino, la Capi le ordenó. —Alférez, busque a Sentido Común, a Me importa un… y al Mayor Cetonas y que me esperen aquí. Ya, gusano vil, muéstrame la celda.
—Capi, no traiga a Sentido Común a este Comando.
—Traigo a quien considero necesario. Sentido Común te va a secundar, a ver si así recuerdas tus lealtades… ¿Por la santa Grasa, y a está qué le pasó?
Ansiedad es una de las tripulantes más horrendas de la nave. Nadie sabe cómo llegó a formar parte del equipo y muchos dicen que es un polizón que a base de robar y engatusar, ayudada por el combustible antiguo, se hizo su espacio. Su fama de buena onda y fiestera le pasó la cuenta a la nave y la Capi estuvo a punto de perder su grado y su puesto. Cuando llegó el combustible nuevo y Cetonas despertó, entre varios lograron encarcelarla y todos felices.
—Pues se despertó el lunes y empezó a arañar las paredes, Neuro y Cardio consideraron necesario meter un poco de combustible antiguo para entretenerla. Le llenamos la celda y así quedó.
—A ver, traidor, explícame una cosita. Clorhídrico me avisó hace menos de una hora que había llegado combustible antiguo, y yo lo vi con estos dos lindos ojitos. ¿Acaso metieron más combustible a mis espaldas?
—Ehh…
—Sargento.
—Ehh…
—Montón de intrigantes. ¡¿Quién más está metido en esta burla?!
—Ehh…
—¡ALFEREZ! ¡¿QUÉ PASÓ CON MI ORDEN?!
—Ya los llamé, Capitana. El Alférez Sentido Común viene subiendo, Me importa un… y Cetonas no responden.
—Mira pelele, mueve las piernas y corre a mi camarote, allí está Cetonas, y en el Comando Central debe estar Me importa un… ¡¡Y DILE QUE SE APUREN O LOS DEGRADO!!
—Pero hijita qué tanto grito, vas a hacer que suba la presi… hijita no me mires así, soy tu madre.
—¿Sí…? Soy tu hija cuando te conviene. Me la hicieron. Ansiedad se despertó y nadie, pero nadie me avisó. Linda tropa de traidores me rodea. No puedo confiar en nadie. Esta nave se pudo ir al divino carajo y ninguno de los Comodoros se tomó la molestia de avisarme. Me dejaron como chaleco de mono frente a la tripulación. ¡¡MUCHAS GRACIAS, MAMITA QUERIDA!!
—Ehh, señorita, cuide esa boca. No fue una traición. Todo está bajo control. Ansiedad se despertó pero se calmó de inmediato cuando le pusimos un poco de combustible antiguo. Listo, fin del problema.
—Madre… ¿Y no se te ocurrió averiguar por qué Ansiedad se despertó de su sueño? ¿Se te ocurrió pensar que tal vez, sólo tal vez, algo externo estaba estimulando a esa bestia? ¿O peor aún… que tal vez, algo acá adentro estaba haciendo que saliera de su estado latente? ¿Y por un segundo llegaste a considerar la posibilidad de que alguien de la tripulación esté saboteando al combustible nuevo? ¿O que los chichimetules hayan logrado infiltrarse y estemos yéndonos derechito a la mierda?
—Ehh…
—Exacto. Por eso yo soy la Capitana y tú, la encargada de la batería central. Madre, nos metiste en el medio lío y yo tengo que arreglar tu entuerto… Como siempre.
—Ehh…

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